Iglesia

Mirar nuestra iglesia con ojos nuevos

Por qué vale la pena hacer este ejercicio

Todos los que servimos en el liderazgo de una iglesia tenemos algo en común: conocemos «el trámite». Sabemos dónde estacionar, en qué fila sentarnos, cuándo ponernos de pie y qué significan las palabras que usamos cada domingo. Esa familiaridad es hermosa —es fruto de años caminando junto a nuestra comunidad— pero también nos vuelve ciegos a un montón de detalles que sí nota, y mucho, la persona que entra por primera vez.

Por eso antes de completar la rúbrica de evaluación, les proponemos un ejercicio simple pero incómodo: por un momento, dejen de ser el pastor o la líder que conoce cada rincón del templo, y conviértanse en alguien que nunca puso un pie en una iglesia.

 

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